jueves, 20 de agosto de 2015

El egoísmo en los niños (o mi contrariado verano)

Me han robado la playa. La arena y el mar,  ¿el arena y la mar?… Da igual, hoy no hablo de letras, sintaxis, fonemas… Hoy hablo de robos.

Estaba intentando no perder los nervios, no adelantar y pensar en eso del compartir que siempre dice Lamama “Hay que compartir, cariño, déjaselo al nene que tú lo tienes todos los días”, y el nene en cuestión me mira rotundo, con el pecho henchido de orgullo, avalado en su hurto perverso.

Pensé que iba de eso, de mirarles un rato en su disfrute para conseguir que, finalmente, la playa vuelva a mí, y todos a sus casas. Pero no. Aquí nadie se pira.

Aquélla playa inmensa, de paz, sosiego y arena lisa tiene más gente que olas en su mar, y he pasado de corretear a mis anchas a tener que sortear todo tipo de veraneantes, que vienen con su kit completo de usurpador: sombrillas, sillitas, toallas para tomar el sol, toallas para el secado, neverita, colchonetas. ¡Usted me ha robado la playa, no me robe también las vistas! me dan ganas de gritarle. Pero sólo me sale” No, no, nooo”. Y me frustro más todavía, porque no me hago entender y no puedo reconquistar mi playa.  

En mis paseos a salto de mata  por la orilla, intento reconocer a los lugareños, para transmitirles mi empatía, para que sepan que no están solos en su aflicción. Busco a aquel sencillo pescador inmune a las bajas temperaturas, al cazatesoros que paseaba su máquina detector de metales, y a los dos o tres más que solía encontrar entonces, cuando todo estaba en orden y reinaba la tranquilidad y la quietud. Les reconozco por el brillo de los ojos que, como el mío, se ha tornado pálido, a la espera de tiempos mejores en los que volver a brillar.


Grandes los cerdos egoístas de Andy Riley... ¿Y si probara yo con aletas de tiburón?


Qué disgusto. Esto del compartir, digo.

Pero como de todo, eso sí, hay que sacar el lado positivo,  me digo: mira el horizonte, hay cientos de palas y rastrillos para el disfrute. Pelotas, cometas y castillos de arena que arrasar. Así que corro como un conejo, a saltos rápidos y arrítmicos, y me abalanzo sobre una pala grande y hermosa, potencial de grandes alegrías a corto plazo. Y justo cuando la he alcanzado y la recojo con un gusto bárbaro,  resulta que un nene que está en mi playa, en mi arena, me la arrebata con un bufido hablándome de propiedades. Y yo, en medio de una oleada visceral que amenaza temblores varios de mi pequeño cuerpito, puedo pensar a duras penas que qué le han enseñado a este tío. Que cómo es que Sumama no le ha dicho que aquí hay que compartir y a joderse.  

Y como el nene no cede en mi empeño, espero a que llegue Lamama que ya parece divisarnos pues hace más aspavientos que de habitual.

Cariño, dice, y yo empiezo a henchir mi pecho enclenque, mientras me relamo el hocico sabiendo que tengo las de ganar porque: mira nene, tú eso lo tienes todos los días. Pero no, resulta que la melodía cambia y Lamama me explica que hay que preguntar primero, que la pala es del nene, que yo tengo mis palas y que… No sé, y que no sé porque ya no la escucho, ya he sucumbido a la indignación y grito colérico para que me oigan en todas las playas del mundo.

Por lo general el disgusto me dura poco porque aparece Sumama, Supapa o Sutío, que anima al nene infame a compartir. Y pala arrebatada, pala adquirida. Yo apenas puedo henchir ya el pecho, afligido y contrariado, pero intento disfrutar de mi nuevo tesoro y de mi propia identidad.

Sí, identidad. Parece ser que entro en una etapa un poco egoísta, y no sólo me pasa a mí y al infame ese de la playa, nos pasa a todos los nenes porque así nos hizo la naturaleza. Dicen los blogs serios de maternidad –a estas alturas ya habrán entendido que aquí no se encuentran ese tipo de pautas- que el proceso es lento, y hay que darnos cuartelillo… unos seis años. Primero tengo que aprender a distinguir lo mío de lo del resto (tengo clarísimo lo que es mío, ¡de lo que dudo es de que haya tantas cosas que no lo sean!); he de aprender a compartir (qué culpa tengo yo de que nadie quiera mi mierda pala, ¿eh?), y por último, cultivar el arte de regalar (será una mierda pala, pero es mía. ¡Mía!).

En fin, que me dan más de un lustro para eso, que no tengo porqué empezar a sudar como lo estoy haciendo. Será que hace calor.

Lo que no entiendo muy bien, es ese punto dos: Compartir. ¿Hasta cuándo? ¿Cuándo hay que empezar a preocuparse? ¿Acaso los prestamos no tienen un principio y un fin? ¿Cuándo podemos empezar a hablar de robo?

Que no, blogs serios, que no me cuenten milongas… que a mí me han robado la playa…

lunes, 17 de agosto de 2015

El arte de la dispersión

Reconozco que siempre me ha costado saber estar. A ver, no voy por ahí dando la nota. Para nada. Soy bastante tranquila y serena, así creo que me ven desde fuera. Y qué bien, que se vea lo de fuera, digo, porque a veces el interior tiene alto oleaje y riesgo de naufragio. Pero no me entiendan mal, no vivo en continua marejada; además, las olas, peces, pecios y lindos caballitos de mi mar son míos y no quiero sacarlos a flote. Digo, a ver si me centro, que me cuesta saber estar. Pero no hablo de protocolos. El caso es que soy dispersa. Así, como en este primer párrafo que ya empezaba a navegar por otras aguas sin ir al grano. Ese es el tema: la dispersión.



Ser así mola. O no. Depende del momento y la faena, pero con un nene a cuestas, la cosa se complica. Si empiezo a dispersarme en esos viajes míos de mi cabeza, Elprenda ya se ha ido por peteneras y está cascando a cualquier amiguito que –pobre de él- se le cruzó en el camino, o a punto de sucumbir a grandes escalones -le hipnotizan-. Tener a Elprenda al lado significa Sentidos Modo On si no quieres que sufra un descalabro. Menos mal que el dicho “el tiempo todo lo cura” ya va haciendo efecto, y parece que algunas mortíferas manías que presentaba el nene se van amortiguando. Al menos el sentido del gusto se le ha refinado, y ya prefiere el pan a las piedras. Aunque eso no quita algún que otro lametazo furtivo a deshoras.

Él sabe que no hay que hacerlo porque dice “No No” alto y claro, pero igual de claro saca la lengua y prueba.

En cierto sentido, he de agradecer a Elprenda que me haya centrado un poco. Aunque es jodido ese punto medio de virtud cuando se tienen menos horas de sueño y varias contenciones de aliento diarias. Pero me está ayudando con esa faceta mía de viajar por otras dimensiones a todas horas. Ponga un Prenda en su vida y practique la meditación unos minutos al día y verá lo bien que alcanza el “Aquí y Ahora”. 

Por otro lado, cuando Elprenda no está presente -que buenas horas hace en la escuelina montando la revolución o no sé qué historias, pero ojos que no ven corazón que no siente-; ese poso de no dispersión sigue haciendo un poco mella en mí. Y organizo mi vida mejor que cuando no era madre, porque entiendo lo limitado del tiempo, y he convertido la cantinela del “ahora o nunca” en mi eterna aliada.

Ando ahora escribiendo textos sobre Seguros – sí sí, en eso me hallo-, y voy lanzando Beneficios y Ventajas, Coberturas y Restricciones a trote y moche sin remoloneo ni dilaciones. De Hogar, de Viaje, de Historias que válgame usted… ¿en serio quiere asegurarse? Y vuelan por la habitación como listas de mis Top 5 de mejores viajes dispersos. Estoy a todo trapo. Y hasta tengo tiempo de aplicarlo a mi propia vida adaptando cláusulas a mi condición de persona tendente a la dispersión.
Seguro Elprenda – Especialmente diseñado para padres y madres que gustan del regodeo y el disfrute, postergando quehaceres porque: mañana ya se verá. El Prenda garantiza la tranquilidad del asegurado y de toda su familia sabiendo que las tareas estarán hechas a tiempo. Con una vigencia de 18 años, ofrece interesantes planes según preferencia del tomador.

  •           Plan A: Elprenda colocado en la Escuelina hasta las 13 horas. Le da la opción de poner su vida en orden durante toda la mañana.
  •         Plan B: Elprenda colocado en la Escuelina hasta las 17 horas. Le da la opción de poner su vida en orden realmente.

Pero ya saben que me gusta acabar los post siendo un poco más realista, porque como habrán visto, Elprenda no ha terminado de curar mi dispersión del todo… Y es que ya se sabe que, siguiendo con los refranes, de casta le viene al galgo, o de tal palo tal astilla… y de vez en cuando, aún con (mucha) tarea por hacer, practico la ambivalencia de mi hijo:
Me tiro a la bartola mientras me digo “No No” alto y claro, pero igual de claro me voy acomodando y… Ancha es Castilla. 

lunes, 3 de agosto de 2015

Con P de Prenda

Últimamente me estoy soltando. Tiré amarras, liberé lastre y navego por aguas idiomáticas. Estoy ahí, ojo avizor a ver qué pesco. Normalmente pequeñas sardinillas en forma de pes, uves y alguna que otra erre, que al topar de pleno con mi paladar se convierte en ele por mucho empeño que yo le eche.

A veces pienso que Lamama o algún que otro avispado arde en deseos de enjaularme y darme alpiste porque estoy hecho un loro de armas tomar. Vocablo que veo digno de mi persona ahí repito y lepito y lepito y lepito y zzzzz. No puedo evitarlo.

Uno de mis términos fetiches es culo. No sé, un día lo dije y causé gracia y ahora no puedo desasirme de él. Si otros cuentan ovejas para dormirse, yo irremediablemente cuento culos. Lamama anda ya un poco desquiciada, así que trato de transmitirle que no es  befa ni pura jarana, que en realidad sale de mí sin yo apenas darme cuenta. Creo que no me cree.

De todas formas, he de decir que el lenguaje es complicado para el que así lo quiera. He comprobado que con una sola letra combinada a virtud con las cinco vocales y algún que otro apoyo, uno puede echarse a correr y llegar a meta victorioso habiendo dicho lo justo, necesario y meritorio. Así, sin mucho miramiento, puedes hacerte entender a las mil maravillas sin rozar siquiera el desaliento.

Esa letra es la “p”.


El resto de consonantes son sustentáculos, las pobres.

El lenguaje, estoy seguro, se inventó en torno a esta letra, y las demás vinieron para alegrarle un poco la fiesta, para no lidiar en soledad en un mundillo de locos juglares, milongueros y poetas lisonjeros. He dicho.

Yo podría vivir en un mundo de Pura P. Normalmente tengo tres opciones de tarde: parque, playa o piscina. Si la cosa se pone mala siempre nos queda un pobre patio. Para jugar no puede faltarme una pelota, y cuando sea grande tendré el patinete.  Cualquier conversación que se me imponga puedo solventarla en base a esta letra.

- ¿Qué quieres comer?
- Pavo. -Afirmo. Rotundo-
- No, pavo no, mejor ternera en salsa
- Pues...

Listo, conversación zanjada gracias a la p.

Ojo, no quiero decir que se deje uno ningunear a la mínima, que va… luego basta con no abrir el pico en la hora del almuerzo y a correr. Sin embargo, en este caso sí lo abrí, la ternera en salsa me gusta mucho. Las perneras me dan un poco más igual, sin embargo las mías siempre acaban también en salsa.

Las necesidades básicas las cubren a la perfección las pes. Las viandas, claro está, han de ser también expulsadas. Pues bien, la “P” llega rauda y veloz a la ayuda del cagado para solucionar el problema, y hacer saber a El Páter, Lamama o quienquiera que ande cercano y pueda limpiarme el culo, que es hora de recambio.

- Pipí
- ¿Te has hecho pis? ¿Cambiamos el pañal?
- Pues...

Hecho, conversación zanjada con la p. Y uno limpio y seco.

Que las aguas han sido mayores:
- Pastel
- ¿Sí? ¿Quieres un dulce?
- Plasta
- Ah, que te has cagado.

Y solucionado, uno fresco y limpio todo primoroso y con una galleta reluciente en cada mano.

La p ayuda también como elemento de defensa. Digo Para, y tras varios rifirrafes –también es cierto- acaban dejándome tranquilo. Digo Paso, y consigo zafarme de esa absurda actividad que parecía querían imponerme. Digo Pesado, Pelma o Pringado y el tipo que me estaba tratando como a un monillo de feria queda desarmado y huye cabizbajo. Ah, ¡adoro esa letra!

Volviendo al ocio, sé que uno crece y los gustos cambian, al patinete y la pelota les seguirán los puzles, y después las pelis y las pizzas, así en combo. También con P se dicen otros interesantes “vicios”. No quiero decir con esto que uno vaya a caer, no… Pero ha de saber Lamama que estaré perfectamente capacitado para nombrarlos y decir No… Aunque yo soy más de decir Pues o Puede, ya saben….

Pero esto de aquí es para los días flojos. Por lo general prefiero esforzarme y aprender otros vocablos aunque no tengan lindas pes de por medio. Así puedo decir “culo” sin que la p se sienta traicionada. Y si la veo pocha, languideciendo allá a lo lejos, avocada al ostracismo, grito alto y fuerte: Pedo, culo, Pis… Y los dos nos reímos a pierna suelta (la p y el menda) aunque Lamama se tire de los pelos. 

jueves, 18 de junio de 2015

Economía del lenguaje y otros vicios del discurso

Hace unos días leí que al parecer en El Quijote se emplearon unas 23.000 palabras, mientras que un ciudadano medio ronda las 5000. La diferencia es pantagruélica. Y desoladora. Vale, no vamos a ponernos a disertar en plan hidalgos ingeniosos, pero acortar un poco esa distancia bien podría servirnos. Yo lo intento, a ratitos. Me gusta apuntar palabras cuando leo algo y se me escapa algún término, cuando se me van los matices. Nuestro lenguaje es tan rico que contamos con vocablos específicos para cada pequeño detalle.

La última palabra en sumarse a mi precario vocabulario es lacerado. Que no es “con cera, ¿no?”, como me ha indicado el Páter, sino  infeliz, desdichado. Antiguamente se usaba para nombrar aquello mezquino y miserable, o para designar a quienes padecían  el Mal de San Lázaro, que no es otro que la lepra, o la elefantiasis. Eso es lo que es realmente mezquino y miserable… que sean sinónimos.

He de reconocer que aunque aquí y ahora rompa una lanza a favor de la diversidad del lenguaje, en casa tiendo a economizarlo; tanto que temo por Elprenda. La economía del lenguaje consiste en decir la mitad de la palabra y quedarse tan ancho. Se pone la “cale” cuando hace frío; se desayunan tostadas con “mante” y “merme”, o se comen ricas “ceres”, ahora que es época de ese fruto rojo con rabo sobrino de la picota, que mira tú por dónde no es “pico”. O al menos, no de momento.

Por si fuera poco, en casa además tendemos a usar el argot de forma desaforada. El Páter se jacta de su origen y acompaña su deje madrileño de “j” exacerbada con muletillas y gracejos de una jerga propia, prolija y rica en detalles, no obstante. Siendo sinceros, esa jerigonza nuestra está ya un poco obsoleta. Hace una década que hicimos las maletas para volar lejos, bien lejos (esto del pueblito costero es un chiste si hablamos de distancias) y mientras que el argot avanzaba presuroso en su lugar de origen, quedaba estancado en nuestras bocas. Entonces, ajenos a los cambios, soltábamos palabros sin remilgos, aquí y allá, manteniendo esa lengua de viejos rockeros ufana y sin complejos.

Yo a veces busco a Jesús Vázquez por si se encuentra cerca, por si eso de la “basca” que acaba de llegar a mis oídos no es un anacronismo, sino un guiño lanzado con premeditación y alevosía.

Aún no lo he visto. A Jesús, digo.


El acortar las palabras en el día a día, sumado a la germanía madrileñaSigloDos, no es el único escollo con el que Elprenda puede tropezarse. A estas peculiaridades se une nuestro pasado expatriado. Vivir en otros parajes es lo que tiene: que la lengua es otra –Parada 1- o que se usen otros vocablos y formas verbales diferentes–Parada2- . Hace unos años parecía que íbamos de guays al no poder evitar soltar algún que otro “sure”, “perfect”, “see ya”, “cheerio”, ejem. Y tiempo después parecíamos sencillamente raros al hablar por el “celular”, usar la “compu” o soltar “Yas” a troche y moche.

Pero no todo acaba aquí. Aparte de vivir en otras latitudes siempre hemos tratado de imitar acentos, y adoptar palabras que nos parecían graciosas. Una de nuestras últimas y más preciadas adopciones es la terminación “ingo-inga”.

- ¿Cómo quieres el meloco?
- Pelaingo

Elprenda lo tiene difícil, a qué negarlo. Y hemos de tratar de esforzarnos en abandonar manías y vicios en el discurso. Cuanto antes. Antes de que nos llamen de la escuelina contándonos que el niño habla raro, que no lo entienden.

O antes de que Elprenda invierta los papeles e insista en educarnos.

lunes, 25 de mayo de 2015

Cuadernos Pequeño Jefe III

Ayer viví algo histórico, al parecer. Yo espero más de la Historia, la verdad.

Si hay algo bueno de nacer tarde es que uno se ahorra en disgustos, porque esa mayoría de grupo organizado, que ríete tú de mafias italianas, empieza a bajarse del trono, y se desintegra poco a poco para mayor alegría de la gente buena. Y de los chiquilines como yo, que nos ahorramos el comprobar por nosotros mismos nuevas corruptelas.

Yo es que veía a Manuelatodocorazón y veía a Esperanzasobradaespoco y ya lo tenía claro. Vamos, que no hacía falta que me explicasen nada de Púnicas, Gürteles y casinos puteros. Era ver esas dos caras y sacar mis propias conclusiones.

De la una pensaba: Ya podía ser otra abuela mía. Y me veía tomando chocolate a su lado mientras escuchaba historias de luchas y derechos, y salíamos a pasear en bicicleta… Yo ahí, en la cesta de la bici de Manuela, dale que te dale, sobre un Madrid limpio, verde, y lleno de vida en las plazas. De la otra pensaba: tengo a esta de abuela y ya puedo empezar a aprender a correr. Me veía merendando en un salón inmenso y frío un bocadito preparado por una tipa rara vestida de pingüino. Ni rastro de historias. Me imaginaba atrapado en un coche en el que tenía que comunicarme con mi abuela a través de un cristal, como en los taxis que han sufrido atracos.

- Abuela, tengo pis
- Pues te esperas
- Abuela, es que tengo mucho pis
- Mierda crío. Bueno, voy a parar
- ¿Aquí, pero estamos en medio de la Gran Vía? ¿Dónde hago pipí, abuela?
- Paramos a que yo saque dinero. Tú el pis te lo aguantas

Ya saben lo difícil que es aguantar el pis cuando uno se está meando porque una tipa vestida de pingüino le ha enchufado varios Cola Caos para no molestar a la abuela (que está contando dinero, chiquitín…) Súmenle a esto que uno está cagado de miedo.

Era pensar de nuevo en Manuela y su bicicleta y mearme de gusto en el pañal. Automático.


Así que estoy que no quepo en mi por lo que ha pasado en Madrid, aunque he de reconocer que ese concejal 21 me tocó la moral. Bueno, ese y los otros veinte. Me causa mucha ansiedad que haya ciudadanos que aun pasando lo que pasa sigan confiando en esas mafias… Me hace vivir en vilo, no me fío de mis vecinos, y miro con tristeza a según qué chiquilines cuando veo que les pasean abuelas altivas, rubias de bote.

Y esto por Madrid capital que aunque no es hoy por hoy mi sitio, lo es de corazón de Lamama y el Páter, que recordaban, con poco criterio, a un tal Tierno Galván.  En lo que se refiere al pueblito costero diré que tengo más miedo todavía. El PP ha arrasado con 7 concejales, seguido del PSOE con 4, 1 de Compromís y 1 de Ciudadanos.  Es decir, mayoría absoluta para los corrompidos. En la Comunidad podemos salvarnos si hay pacto PSOE, Compromís y Podemos. Lo habrá, porque en esta autonomía se ha escrito demasiadas veces la palabra corrupción con mayúsculas. Lo mismo ocurre en las tres capitales de esta provincia… Así que bueno, hay que alegrarse.

Pero en el pueblito… ¡Ay, en el pueblito!…

Lo que a mí me toca, hoy por hoy si sigo viviendo en esta aldea, es desarrollar la compasión. Apiadarme, sí, de muchos de mis compañeros de la escuelina que viven con votantes de corruptos. Hacer alarde de misericordia y comprender posibles felonías… Los desmanes que ocurran en clase han de quedarse dentro; y serán a cuenta del Sistema, siempre que se demuestre que se trata de actos propios de un adoctrinamiento feroz, inculcado en hogares votantes de corruptos.

Es difícil luchar contra los elementos, y como tal habré de comprender que mis compas no son malos de corazón sino que son adoctrinados diariamente en hogares jaleadores de mafias. De todas formas, ojo con las generaciones venideras porque he visto algunos actos en clase propios de auténticos guerreros libertarios. Vamos a tener que movilizarnos muy seriamente, y hacer alguna asambleílla próximamente. Hemos de darnos prisa en aprender a manejar bien la lengua de los grandes y ponerles los puntos sobre las ies a todos esos padres y abuelos abducidos.

Es la hora de los nietos libertarios. 

martes, 12 de mayo de 2015

Siddharta o cómo ser un guiñapo con estilo

El páter alucina. Qué tío más genial. Anda que no han pasado ya días y aun me sigo riendo. Pues no va y dice que es la reencarnación de Siddharta. Sí, sí, así como lo oyen.

Si yo estoy que no quepo en mí ante tamaño dispendio de egolatría y disparate, imagínense Lamama. Pero como el rigor es importante –me lo recuerda un tal Inda cada semana- recularé ya mismo… Tal y cómo lo hizo el Páter cuando Lamama le aseguró que semejante sentencia era carne de blog.

- Si es que soy la reencarnación de Siddharta.
- ¿Pero tú te estás oyendo? Venga vale, lo que digas.
- Vale no… Soy lo más cercano a la reencarnación de Siddharta que tú has conocido.
- Que sepas que ahora tienes que medir más lo que dices
- Dilo, venga, ponlo en el blog; pero ponlo en contexto. A lo que yo me refiero es que no me gusta el fetichismo de la mercancía… Yo más bien soy del valor que tienen los productos por su utilidad
- …

Yo en ese momento me atraganté. Ya me daba igual Buda, Alá o Ganesha, el elefante ese con muchos brazos. Lo que me interesaba era el origen de aquéllos dictámenes. El delirio de grandeza –justificado, vale- del Páter tenía un germen que se resumía en mi vestimenta: camisetas, pantalones, bodies de todos los colores habidos. Parece que los anuncios de "Por fin llegó la primavera" -o el verano- de según qué establecimientos comerciales nada van a tener que ver conmigo. Desde bien joven se va a encargar el Páter de que no me haga un adicto a la moda.


Hace una calufa de escándalo en el pueblito costero. La chicharrera a la hora de almorzar es tan considerable que los lugareños se han preocupado de liberar sus carnes y tapar apenas esos puntos dignos de ser tapables por no sé qué mierdas del pudor –yo no tengo nada digno de tapar parece ser-. El pueblo ha sido subyugado por el periodo estival y el olor a salitre caliente embriaga toda la costa.

Y mientras la villa se viste con sus mejores galas, animada por un sol esplendoroso, yo no tengo malditas galas que ponerme.

Hace unos meses, cuando llegamos y dejamos la capital, con sus virus y sus bacterias, hacía por aquí un frío de cagarse. Bueno, no, no era para tanto, pero sí era lo más parecido al frío que yo he conocido (Páter dixit). Llegamos abrigados hasta las orejas, y mi maleta venía cargada de mangas largas, que Lamama había doblado con primor.

Contábamos con regresar antes, cuando aún el calor sofocante si acaso se vislumbrara en la lejanía. Pero los planes cambiaron: que si qué bien se está aquí, que si Elprenda ya está habituado a la escuelina y no vamos a cortarla ahora, que si aquí trabajamos mejor. Total que seguimos. Estamos en el pueblito costero como lo está también aquella lejanía, que ni siquiera ha mutado en cercanía sino en un “zas en toda la boca”.

- Hay que comprar al peque ropa de verano pero YA
- Qué dices, anda
- A ver, el tiempo ya ha cambiado del todo y no va a volver a refrescar
- Tú quieres camisetas cortas, pues yo te daré camisetas cortas.

Llevo toda mi vida escuchando hablar de recortes, y por fin ha llegado mi momento. Este nuevo Siddharta quiere cortar aquellas mangas largas que Lamama dobló con tanto esmero. Y yo voy a ir por el mundo con andrajos.

Páter me guiñó un ojo. Ahí fue cuando me atraganté. Pensaba: guiño, no, guiñapo.

Pero Páter no se amilanó, y continúo con su discurso… Blablabá… el valor de uso… blablablá… el valor de cambio… blablablá… las utilidades…. Blablablá… estamos subsumidos a la lógica del capital...
Y a medida que su letanía se hacía más intensa mi corazón se hacía más rojo y latía con más fuerza; y me daban ganan de rasgarme las vestiduras allí mismo. Darle razón de ser a mis flamantes incisivos de leche y zas zas zas, seccionar las mangas largas de un plumazo y quedarme más fresco que una lechuga.  

Parece que la arenga caló algo también en Lamama que torcía y destorcía el gesto.

- Bueno, podemos cortar alguno, pero también compramos tres o cuatro.
-Tú verás si quieres gastar
-Y cortarás los que yo diga
-¿Pero no te das cuenta que da igual que tenga un pulpo o un mono estampado? Lo que importa es su utilidad…

Así que así estoy, voy a ser la sensación de la escuelina. De todo el pueblito costero. Haré que la moda de los 80s de recortar todo lo recortable reaparezca.
Además, los grandes sí que tienen un porqué para reestructurar sus armarios (temporada fría, temporada caliente) pero a mí cuando vuelva el frío no me va a valer nada de esto, así que está bien darle más uso a las pamplinas estas que visto y calzo. Por lo único que lo siento es por si algún día tengo un hermano… Pero me voy a callar, no vaya a ser que el Páter quiera guardar las mangas y darles un remiendo si es que la prole sigue aumentando.

Ardo en deseos de estrenar mis “nuevas” camisetas y crear tendencia en la aldea. Que todos los niños y niñas vayan en busca de sus padres tijera en mano. Mientras, yo estaré meditando en la arena de la playa como si fuera mi padre mismo, el gran Siddharta… 

Y digo yo que menos mal que se reencarnó ese, si hubiese sido Ganesha habría el doble de mangas que cortar… 

lunes, 4 de mayo de 2015

Cuadernos Pequeño Jefe II

Últimamente pienso en los detalles. Me dejó cavilando eso del cambio y el recambio.  “¿Cambiamos el pañal?” me espeta Lamama.  Quitarme el pañal y enchufarme otro, ya sin caca, sí, pero de igual corte y confección y que será reemplazado por otro exacto en cuanto tenga yo a bien volver a hacer de vientre, no es un cambio. Es un recambio en toda regla. Y todo se extrapola, también para este enorme pañal llamado mundo. Nos mean, señores… nos desbordan de mierda, nos enchufan un pañal nuevo y a correr.  

Los recambios de pañal son un momento interesante para mis pequeños soliloquios. Hace unos días he descubierto que tengo cola, o al menos he empezado a hacerla caso. Cuando ya anda bien limpita, hago una de romanos: me agarro las pelotas con la mano derecha, juro decir la verdad, y testifico. Empiezo a largar a Lamama o al Páter todo lo que me está pasando, cómo veo esto y lo otro, y lo de más allá. Declaro y explico mis pequeños aconteceres en lo físico y lo moral. Ah, por cierto, Lamama ha jurado, sin agarrarse nada, que tratará de hablar con propiedad y sólo se referirá a cambios de paquete cuando me vista con el paño azul playero, adornado de peces de colores. En lo habitual, hablaremos de recambio. Evitaremos así las falsas expectativas y no desbordaré de alegría pensando en baños en la playa a no ser que efectivamente toquen.

He escuchado ya más de una vez… ¿Y qué será éste cuando crezca? Pues éste no lo tenía muy claro hasta hace poco, pero este mundo absurdo y sus pequeños héroes le están dando ideas. Quiero ser anarquista. Sólo pensar en esa doble vida de la que hablaba Lucio Urtubia me pone a cien. ¡Qué viva la libertad absoluta del hombre y del ciudadano! No quiero hacer, ni mucho menos, apología del descontrol pero ¿Acaso ahora con control hay libertades? Esto me lleva de nuevo a hablar de los detalles… palabras parecidas pero radicalmente opuestas:

Libertad no es libertinaje. Que no señores, que no es lo mismo. Que usted no tiene derecho a gastar el dinero del prójimo en vicio, impudicia e indecencia. Que no. 

Ni que hablar del posible parecido entre liberal y libertario. ¡Ja! El lenguaje es lo que tiene.

Lamama y Páter también serían anarquistas, ya saben.

Uff, otra vez se me ponen los pelos –los cuatro que tengo- como escarpias. Así paso yo los días, de susto en susto, de exabrupto en exabrupto. ¿Comprenden ustedes por qué me quiero hacer anarquista? Lucio dice que el anarquismo hoy en día tiene más sentido que nunca. Pues a ver si nos vamos enterando. A ver si las generaciones venideras no estamos tan confundidas y vamos hablando con propiedad. Yo, ya les digo que estoy en ello, dale que te dale estudiando el palabrerío ahora que soy una esponja (como Bob) –y que su esfuerzo me cuesta, ya les dije-

En fin, que el estudio del lenguaje me está haciendo los días mucho más llevaderos. De una cosa salto a otra y vuelta a empezar. La semántica me tiene fascinado, y hace que me pregunte por qué existen palabras totalmente distintas en su morfología pero aun así la gente las confunde. Expropiar no es robar. Claro ejemplo.

Si quiero ser anarquista tengo que buscarme un sobrenombre. No porque los grandes anarcosindicalistas lo hayan tenido, pues ellos eran conocidos por sus apellidos. Pero me apetece. En realidad, el que me gusta es Malatesta. Me rechifla porque no deja muy claro si uno es anarca o un pirata, profesión que todo hay que decirlo, también me he planteado. Como ya está pillado, seguiré pensando…

Si es que me dejan ¿Han oído hablar del pensamiento único?